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Indicadores de rentabilidad en el MTU: cuál elegir y por qué

Indicadores de rentabilidad del MTU: margen operativo, costo adicionado neto, Berry ratio y retorno sobre activos. Cuál corresponde a tu perfil funcional.


Cuando un estudio aplica el método de márgenes transaccionales (MTU), la decisión técnica más importante no es el método: es el indicador de rentabilidad con el que se medirá tu operación. Margen operativo, costo adicionado neto, Berry ratio y retorno sobre activos miden la misma utilidad y pueden llegar a conclusiones opuestas —dentro de rango con uno, con un ajuste de millones con otro—. Aquí está el criterio para elegir el que corresponde a tus funciones, qué pasa cuando se elige mal y cómo defender esa elección ante el SAT.

Todas las cifras de este artículo son ilustrativas y están redondeadas para que la lógica se vea limpia. No son referencias de mercado ni un parámetro para tu empresa.

Qué es un indicador de rentabilidad y por qué el denominador lo decide todo

El MTU compara la utilidad de operación de tu empresa contra la de comparables independientes. El problema es que una utilidad sola no dice nada.

Si una empresa ganó 5 millones de pesos, ¿es mucho o es poco? Depende de contra qué se mida:

Utilidad ilustrativaBase de comparaciónIndicadorLectura
5 MDPVentas de 100 MDP5%Normal para un distribuidor
5 MDPVentas de 1,000 MDP0.5%Se prende un foco
5 MDPActivos de 500 MDP1%Un negocio que casi no rinde

Misma utilidad, tres historias distintas. La diferencia no está arriba: está abajo. Esa razón financiera —utilidad entre ventas, entre costos o entre activos— es el indicador de rentabilidad, y el denominador define contra qué universo de comparables te van a medir. El propio artículo 180 fracción VI de la LISR describe el MTU como la determinación de la utilidad con base en factores de rentabilidad que consideran variables como activos, ventas, costos, gastos o flujos de efectivo: la ley abre el abanico, y el estudio tiene que justificar cuál de esas variables eligió.

Los dos criterios para elegir el denominador

El Capítulo II de las Guías OCDE lo plantea igual: el indicador debe reflejar el valor de las funciones desempeñadas. En la práctica se traduce en dos filtros, y el segundo es el que casi nadie escribe en su estudio.

Criterio 1: el denominador debe reflejar dónde está el esfuerzo económico

Mide a la empresa por donde la empresa suda. Si vive de vender, el denominador natural son las ventas. Si vive de producir o de prestar un servicio, son sus costos. Si vive de tener maquinaria trabajando, son sus activos. Este criterio resuelve la mayoría de los casos y sale directo del análisis funcional.

Criterio 2: el denominador debe ser independiente del precio que estás probando

Este es el que decide los casos difíciles. Imagina que quieres medir una mesa y la única regla que tienes está hecha del mismo material que la mesa: cuando la mesa se estira, la regla se estira igual; cuando se encoge, se encoge igual. La regla siempre dirá que la mesa mide lo mismo. Esa regla es inútil.

Eso pasa cuando el denominador está contaminado por el precio intercompañía bajo revisión: estás midiendo el precio contra sí mismo. Dos casos espejo lo dejan claro:

PerfilOperación que se pruebaDónde vive ese precioDenominador contaminadoRegla limpia
Distribuidor que compra a su matrizPrecio de compraCosto de ventasCostos y gastosVentas a clientes independientes
Maquiladora que vende todo a su matrizPrecio de ventaVentasVentasCostos y gastos fijados por el mercado local (nómina, energía, insumos)

Es el mismo principio aplicado al revés, y con él se entiende por qué existe cada uno de los cuatro indicadores.

Los cuatro indicadores, con ejemplos numéricos ilustrativos

Margen operativo (MO)

Utilidad de operación / ventas netas. Es el indicador natural de distribuidores y comercializadoras.

Un distribuidor vende 100 MDP al mercado mexicano; su costo de ventas —la mercancía comprada a su matriz— es de 85 MDP y sus gastos de operación de 10 MDP. Le queda una utilidad de operación de 5 MDP. 5 / 100 = 5% de margen operativo.

La lógica económica: un distribuidor gana o pierde según lo que logra colocar en el mercado y cómo controla sus gastos. Riesgo de inventario, de obsolescencia y de crédito: todos se manifiestan en la línea de ventas. Medirlo contra sus ventas es medirlo en el terreno donde de verdad juega.

Costo adicionado neto (CAN)

Utilidad de operación / suma de costos y gastos. Es el indicador típico de la manufactura por contrato y los servicios intragrupo.

Una maquiladora tiene costos y gastos totales por 100 MDP y le factura a su matriz 104 MDP. Su utilidad de operación es de 4 MDP. 4 / 100 = 4% de costo adicionado neto.

Quien produce para el grupo no se remunera por lo que vende —lo que vende se lo compra un solo cliente que es su propio dueño—, sino por lo que le cuesta operar: el grupo le reembolsa sus costos y le agrega una utilidad razonable encima.

El CAN no es el método de costo adicionado

Suenan casi igual y viven en pisos distintos del estado de resultados. El método de costo adicionado trabaja a nivel de margen bruto: baja hasta el costo de ventas y ahí se detiene. El CAN es un indicador a nivel de utilidad de operación: baja todo el estado de resultados, costos y gastos incluidos.

Por eso el CAN aguanta mucho mejor las diferencias contables entre empresas. Si una comparable registra los fletes en costo de ventas y otra en gastos de operación, a nivel de margen bruto eso destroza el análisis; a nivel de utilidad de operación la diferencia se lava sola, porque de todas formas todo termina restado.

Un detalle práctico que en México cuesta dinero: cuando la maquiladora trabaja con materia prima consignada —materiales que la matriz le manda y que nunca fueron suyos—, esos materiales no deberían entrar en la base de costos del indicador. Si se incluyen, se infla el denominador y el indicador se desploma artificialmente. En una maquiladora grande, ese solo error mueve varios puntos porcentuales.

Retorno sobre activos (ROA)

Utilidad de operación / activos operativos. Tiene sentido cuando los activos son el motor real del negocio: manufactura intensiva en maquinaria, arrendadoras de equipo, operaciones donde lo que explica la ganancia es cuánto capital tienes trabajando.

Una empresa que arrienda maquinaria pesada tiene activos operativos por 200 MDP y una utilidad de operación de 16 MDP. 16 / 200 = 8% de retorno sobre activos.

Es un indicador con tres espinas, y las tres exigen ajustes de comparabilidad bien documentados:

  1. Activos operativos, no totales. El efectivo excedente y las inversiones financieras no forman parte del negocio operativo y no van en el denominador.
  2. La depreciación acumulada distorsiona. Una empresa con maquinaria vieja, casi totalmente depreciada, muestra un ROA altísimo: no porque gane más, sino porque su denominador está casi en cero.
  3. Dueño contra arrendatario. Dos empresas idénticas, una propietaria de su maquinaria y otra que la renta, no son comparables bajo este indicador: la que renta casi no tiene activos y su retorno se dispara.

Berry ratio

Utilidad bruta / gastos de operación. Ojo: no es un porcentaje, es un múltiplo. Un Berry de 1.5 significa que la utilidad bruta es una vez y media los gastos de operación; un Berry de 1 significa que apenas se cubren los gastos.

Sirve para intermediarios y prestadores de servicios de bajo riesgo, donde el valor agregado vive en los gastos operativos y no en el volumen facturado. El caso clásico es el comisionista: factura 100 MDP porque la mercancía le pasa por encima, pero no compra por cuenta propia, no toma riesgo de inventario y no financia al cliente. Su utilidad bruta es de 3 MDP y sus gastos de operación de 2 MDP.

  • Medido con margen operativo: 1 MDP entre 100 MDP = 1%. Comparado contra distribuidores que ganan 3% sobre ventas, se ve terrible. Pero es una comparación tramposa: esos 100 MDP de facturación no reflejan nada del esfuerzo del comisionista.
  • Medido con Berry ratio: 3 / 2 = 1.5×. Eso sí dice algo real: por cada peso que gasta en hacer su trabajo, recupera peso y medio.

Por qué el Berry ratio es el indicador peor usado en México

  1. Convierte tu clasificación contable en tu resultado. Como el denominador son los gastos de operación, mover un concepto de gastos a costo de ventas sube el Berry sin que la empresa haya cambiado en nada. Es un indicador que se puede empujar con una reclasificación, y eso en una revisión se nota.
  2. Se usa como salvavidas. El patrón se repite: el estudio calcula margen operativo, sale abajo del rango, y aparece un párrafo explicando que la empresa “en realidad es un intermediario” y que el indicador correcto es el Berry. Cuando la autoridad ve un cambio de indicador que coincide con un resultado que se compone solo, no ve técnica: ve conveniencia.
  3. Invisibiliza funciones. Asume que los gastos de operación capturan todas las funciones relevantes, y muchas veces no es así: riesgo de inventario, propiedad económica de la mercancía, intangibles de mercadotecnia propios o financiamiento a clientes merecen remuneración y el Berry simplemente no los ve.
  4. Escala mal. Una empresa puede duplicar el volumen que mueve sin mover casi nada sus gastos, y su Berry se ve igual: el indicador no reacciona al crecimiento del negocio.

Regla práctica de descarte: si tu empresa toma riesgo de inventario, si es dueña económica de la mercancía o si tiene intangibles propios, el Berry ratio no es tu indicador. Y si de verdad lo es, tu estudio necesita explicar en detalle por qué los gastos de operación capturan todas las funciones y demostrar que tú y tus comparables clasifican costos y gastos de la misma manera.

Cuál corresponde a tu empresa

Perfil funcionalIndicador típicoFórmula
Distribuidor / comercializadoraMargen operativoUtilidad de operación / ventas netas
Manufactura por contratoCosto adicionado netoUtilidad de operación / costos y gastos
Servicios intragrupoCosto adicionado netoUtilidad de operación / costos y gastos
Comisionista / intermediario puroBerry ratio (con cuidado)Utilidad bruta / gastos de operación
Operación intensiva en activosRetorno sobre activosUtilidad de operación / activos operativos

La tabla es orientativa, no una receta. La respuesta real no sale de un cuadro: sale del análisis funcional, del documento donde describes qué funciones hace tu empresa, qué activos usa y qué riesgos asume. El indicador es una conclusión de ese análisis, nunca una premisa —igual que la selección del método.

Lo que cuesta elegir mal: el mismo año, dos conclusiones opuestas

Retomemos la maquiladora del ejemplo: costos y gastos por 100 MDP, ventas a su matriz por 104 MDP, utilidad de operación de 4 MDP. Todas las cifras del cuadro son ilustrativas.

Medida con CAN (correcto)Medida con MO (incorrecto)
Indicador4 / 100 = 4%4 / 104 = 3.8%
ComparablesManufactura por contratoDistribuidores
Rango ilustrativo6% – 11% (mediana 8.5%)2% – 4% sobre ventas
ConclusiónFuera del rango, por debajoDentro del rango
AjusteUtilidad requerida 8.5 MDP – 4 MDP = 4.5 MDPNinguno

Misma empresa, mismo año, los mismos 4 millones de utilidad. Un indicador dice que todo está bien; el otro dice que hay que reconocer 4.5 millones de utilidad adicional, con su impuesto encima.

Y aquí está el punto: el estudio equivocado no te protege, te da la sensación de protección, que es peor, porque te quita las ganas de revisar. El día que la autoridad rehace el análisis con el indicador que sí corresponde a las funciones de la empresa, el ajuste sigue estando ahí completo, más actualización, recargos y multa.

Los tres errores más caros

1. El indicador heredado

El estudio usa margen operativo “porque así se hizo el año pasado”, y el año pasado porque así se hizo el anterior. Nadie lo volvió a razonar. El problema es que las empresas cambian: la que hace tres años solo distribuía producto terminado hoy tiene una planta y maquila para el grupo. Sus funciones cambiaron por completo y su indicador se quedó congelado. La elección del indicador se revisa cada ejercicio, igual que la selección del método.

2. Elegir el indicador por el resultado

Probar los cuatro, ver cuál deja la operación dentro del rango y escribir la justificación hacia atrás. Esto deja rastro y el rastro es fácil de leer: basta con poner dos estudios de años consecutivos lado a lado. Si el indicador cambió y el análisis funcional dice exactamente lo mismo palabra por palabra, hay una pregunta que no vas a poder contestar. Un cambio de indicador siempre debe venir acompañado de un cambio de funciones que lo explique.

3. Calcular el indicador sobre la compañía completa

Una empresa vende 100 MDP en total: 60 MDP a clientes independientes en México y 40 MDP a su parte relacionada en el extranjero. Su utilidad de operación total es de 5 MDP.

VistaVentasUtilidad de operaciónMargen operativo
Compañía completa100 MDP5 MDP5%
Operación con terceros60 MDP4.8 MDP8%
Operación intercompañía40 MDP0.2 MDP0.5%

El 5% nunca existió: es un promedio que no describe a nadie. Es el negocio sano cargando al negocio enfermo para que en el papel se vean iguales. El indicador se mide sobre la operación intercompañía, no sobre la empresa entera.

Esa segmentación financiera no es un ejercicio de Excel improvisado. Necesita criterios de asignación explícitos: primero asignación directa de todo lo identificable, y solo el residuo se distribuye con un factor razonable —ventas, horas hombre, número de empleados, metros cuadrados—. Ese criterio se documenta, se explica y se usa igual el año siguiente. Si alguien más, leyendo tu estudio, no puede reproducir tu segmentación, no es segmentación: es una opinión.

La parte analizada amarra todo

El indicador se calcula sobre la parte analizada (tested party), y la parte analizada debe ser la empresa menos compleja de la operación: la que no tiene intangibles únicos y valiosos, la que hace funciones rutinarias que sí se pueden comparar con empresas independientes.

Si la entidad mexicana es la que tiene la marca, la tecnología, la lista de clientes y el riesgo empresarial de verdad, no debería ser la parte analizada, y ningún indicador arregla ese problema: estarías midiendo con precisión exquisita a la empresa equivocada.

Seis puntos para defender tu indicador ante el SAT

  1. El análisis funcional va primero, el indicador después. Si en tu estudio el indicador aparece antes de que se describan funciones, activos y riesgos, la lógica está invertida.
  2. Un párrafo que explique por qué el denominador no está contaminado por el precio que se está probando. Casi ningún estudio lo tiene; es de los más fáciles de escribir y de los más difíciles de rebatir.
  3. Consistencia con los comparables: el mismo indicador, calculado igual, con las mismas líneas del estado de resultados. Si tus comparables clasifican los fletes distinto que tú, o se ajusta o se explica.
  4. Consistencia entre ejercicios, con explicación explícita cuando cambies. Cambio de indicador sin cambio de funciones es bandera roja; cambio de funciones sin cambio de indicador, también.
  5. Segmentación documentada, con criterios de asignación reproducibles y conciliada contra tus estados financieros.
  6. La prueba más simple: dale tu estudio a alguien que no lo escribió y pregúntale si, leyendo solo el análisis funcional, habría llegado al mismo indicador. Si duda, la autoridad también va a dudar.

Con el indicador correcto, el resultado se contrasta contra el rango intercuartílico de los comparables —el mecanismo que el propio artículo 180 de la LISR ordena aplicar— y ahí se decide si hay ajuste o no.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar dos indicadores en el mismo estudio?

Puedes calcular más de uno como información de apoyo, pero la conclusión debe descansar en uno solo, elegido y justificado a partir del análisis funcional. Presentar varios sin decir cuál manda —o presentar el que sale bien y omitir el que sale mal— es exactamente lo que la autoridad busca en una revisión.

¿El Berry ratio está prohibido en México?

No. Ni la LISR ni las Guías OCDE lo prohíben, y para un intermediario puro puede ser el indicador más adecuado. Lo que sí ocurre es que se revisa con lupa, porque es el más sensible a reclasificaciones contables y el que más se usa para rescatar resultados. Si lo eliges, la carga de explicación es mayor.

¿Puedo cambiar de indicador respecto al año pasado?

Sí, siempre que el cambio esté causado por un cambio real en funciones, activos o riesgos, y que el estudio lo diga con todas sus letras. Cambiar de indicador con un análisis funcional idéntico al del año anterior es la señal más fácil de detectar de que el indicador se eligió por el resultado.

¿Qué pasa si mi indicador queda fuera del rango?

El artículo 180 de la LISR no te regresa al límite más cercano: el ajuste se hace a la mediana del rango intercuartílico. Por eso la distancia entre el límite y el centro es donde se concentra el costo: una operación que queda fuera por décimas puede terminar con un ajuste de varios millones.

¿La materia prima consignada entra en la base de costos del CAN?

Como regla general no, porque no representa un costo económico asumido por la maquiladora: los materiales nunca fueron suyos. Incluirlos infla el denominador y hunde el indicador. El tratamiento debe quedar explicado en el estudio y ser consistente con la forma en que miden sus comparables.


Todo esto es trabajo: segmentar de verdad, revisar si las funciones de la empresa cambiaron este año, escribir el párrafo que justifica el denominador, verificar que los comparables midan lo mismo que tú. Es el tipo de trabajo que no se ve cuando todo va bien y que es lo único que importa cuando llega una revisión.

¿No sabes con qué indicador está medida tu operación o sospechas que ya no corresponde a lo que tu empresa hace hoy? Escríbenos y lo revisamos por correo, sin costo.